Correa y Ortega los socios del saqueo: La verdadera cara de la impunidad, represión y bolsillos llenos
La autodenominada “revolución” de Rafael Correa y Daniel Ortega jamás fue un proyecto político: fue una franquicia delictiva. Ambos convirtieron el poder en un botín familiar y el Estado en su trinchera de impunidad. Mientras Correa salía por la puerta trasera de Ecuador salpicado por condenas de corrupción, en Managua su principal aliado perfeccionaba el saqueo. Ortega, que mutó de asaltante de bancos a dictador absoluto, privatizó la ayuda venezolana para amasar una fortuna oculta de 2.500 millones de dólares.
A través de un entramado de 22 empresas fachada, el clan Ortega-Murillo en Nicaragua acaparó el oro, los combustibles y los medios, aplastando cualquier atisbo de libertad hasta el extremo de prohibir formalmente las elecciones para perpetuarse sin escrúpulos.
El respaldo mutuo entre Correa y Ortega nunca buscó defender la soberanía, sino blindar a la banda. Usaron la retórica antiimperialista como cortina de humo mientras desvalijaban a sus naciones y destruían la democracia desde adentro.
La historia no los recordará como estadistas ni como ideólogos. Quedarán registrados como lo que siempre fueron: socios de un negocio crimin4l que traicionaron a sus pueblos por dinero y poder.
@ladataec

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